Salmo
73
Estoy
viviendo en estos días la retrospectiva de una vieja película pero con nuevos
actores.
No
he sido dado a la envidia, porque es una enfermedad que corroe el alma y
enferma los huesos, produce cáncer, pero
he visto como a dañado a otros incluyendo amigos, vecinos, compañeros de
trabajo, de estudio e inclusive familiares y hermanos de la iglesia quienes libremente y sin reparo, como si fuera algo
normal, critican o comentan sobre el trabajo, la casa, el carro, la mujer o
cualquier cosa que ellos piensen que esta mal en otras personas. Esto es
envidia pura y sencilla envidia.
Son
personas que no pueden ver que otro esté bien o mejor que ellos porque piensan
y dicen que no se lo merecen, pero ellos
si, esto es envidia, pura envidia. Envidian lo aparentemente bueno que les
sucede a otros.
Tengo
un hijo que en estos días empezó a quejarse con la pregunta inquietante y
malévola, ¿Por qué a mi?. Primero se le dañó la nevera, después el aire de su
cuarto, cuando se le descompuso el carro no encontraba los repuestos, cuando al
fin pudo repararlo se le abrió la capota y se le rompió el parabrisas, como no
podía andar con el carro sin el vidrio delantero su hermana y que para hacerle
un favor le presto su carro y lo chocó,
Me
causó tristeza oírlo decir: “ahora que estoy sirviendo en la iglesia es que me
están pasando tantas calamidades y a otros que andan por ahí sin temor de Dios
nada les pasa y viven mejor”. Solo le dije que su problema
era tan viejo como la humanidad pero que podía leer el Salmo 73.
Muchos
de nosotros para no decir todos, en algún momento de nuestras vidas hemos
pasado por circunstancias críticas que nos han sembrado dudas sobre las
misericordias y promesas de Dios.
La
palabra es muy clara al respecto y el Salmo 73 es una declaración actualizada
de lo que nos sucede en esos momentos de duda y desesperación.
Tenemos
envidia de los que andan por la vida sin preocupaciones, tenemos envidia de sus
riquezas, de su arrogancia, de su posición social donde obtienen todo lo que
desean. Languidecemos de envidia cuando los vemos disfrutar de sus bienes y
nosotros pasando trabajo sin razonar como cristianos que es mejor lo poco con
Dios que lo mucho sin El. (Prov 16:8).
Estas
personas que tu envidias ya tienen su destino predestinado. Porque a ellos les
parece que todas las cosa que hacen están bien, pero van derechito a una muerte
segura, (Prov 16:25) o es que esto también se lo vas a envidiar, seria el
colmo.
Tenemos
que declarar que solo tenemos a Dios y que fuera de El nada debemos envidiar o
desear ya que en El están todas nuestras esperanzas, bendiciones y
tranquilidad.
Dios
es bueno con los limpios de corazón.
Euclides
Vargas Johnson
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