¿CONFLICTOS? ¿PROBLEMAS?
Y QUIEN NO LOS TIENE
En
este mes de mayo se realizó una cumbre de mujeres en Bolivia para discutir la
problemática del abuso sexual que estas sufren a nivel mundial y anoche asistí a una reunión convocada por la
junta comunal de mi sector, para oír una charla sobre la violencia familiar,
dictada por la oficina de prevención del delito. Son temas que siempre estarán
vigentes.
Escuché
atentamente la exposición de la abogada y regresé a mi casa con un cumulo de
ideas en la mente, sobrepuestas o revueltas con lo poco que yo sabia al
respecto. Básicamente esta charla se fundamentó en el aspecto legal y los
avances del gobierno en el área de la violencia familiar. Lo que se de este tema
no es académico ni virtual, sino empírico o experiencia adquirida en mi
practica como consejero familiar en la iglesia, ministerio que ejercía con mi
esposa.
Confieso
que antes de conocer a Cristo era un violentador “pasivo” de mi familia. Lo
hacia por ignorancia y con la apariencia de buena gente, con la convicción de
que como no le gritaba o pegaba a nadie, todo estaba bien. Ahora se que hay
muchas formas sutiles de violencia familiar, donde el agresor no cree que lo
sea, pero el agraviado sufre las consecuencias muchas veces en un silencio
cómplice o temeroso.
Estas
situaciones hay que tratarlas o manejarlas como un conflicto, ya que la
violencia no es propia de la vida, sino que es un recurso extremo muy penoso,
vejatorio y destructivo.
Los
conflictos pueden derivar en violencia sino se enfrentan adecuadamente. Cuando
las personas no se sientan a conversar de sus problemas, estos quedan
encubiertos y latentes en el tiempo, pero agresor y agraviado siguiendo la
inercia del conflicto se van alejando y encerrándose en si mismos, dirigiéndose
inexorable y peligrosamente al despeñadero de la violencia.
Hay parejas que han convertido su vida en un drama por no
haber comunicado a tiempo sus
diferencias cuando estas tenían solución, lo que al final se convierte en una tragedia ya
que cuando una relación se rompe es difícil repararla, se necesita de un
esfuerzo compartido para enmendar los errores y esto solo se logra con perdón,
comprensión y amor.
En
todas las familias, por muy funcionales que sean o parezcan serlo, siempre
habrá divergencias, inclusive hacen parte de la vida en común, estas pueden ser
pequeñas o grandes, puntuales u ocasionales y aun perennes, mis vecinos se la
pasan discutiendo todo el día, hacen catarsis.
Los
conflictos, según mi experiencia, en la mayoría de los casos sirven para
resolver diferencias, mejorar las relaciones o lamentablemente para disolver
vínculos amigablemente. Los acuerdos son fáciles de manejar, lo mejor es poder
manejar los desacuerdos. El apóstol Pablo sabia que se le puede sacar utilidad
a los problemas y conflictos y nos hace
saber en sus cartas a los corintios el propósito de estos.
1ª.
de Corintios 11:19. “Es preciso que
haya conflictos para saber quienes son los aprobados”. Esto sucedía en la iglesia de Corinto y sigue pasando en la actualidad
entre nosotros.
2ª. de Corintios 4:17-18. Nos hace ver el propósito
de los problemas, el cual no es otro sino que salgamos fortalecidos mirando más
allá de ellos.
Este no es un tratado infalible sobre resolución de
conflictos, sino una pequeña reflexión de como evitarlos y para ello te daré
tres consejos bíblicos.
1º.- No ser contencioso: 2ª. d Timoteo 2:24.26.
2º.- Enfrentarlos
con firmeza y amor: 1ª. de Timoteo 1:3-7
3º.- No provocar en los hermanos la ira y la
envidia: Gal 5:26
Por tanto, mi consejo final es que trates tu causa
con tus compañeros, familia o hermanos directamente y no se lo estés contando a
los demás. Proverbios 25:8.10
Por: Euclides Vargas Johnson
No hay comentarios:
Publicar un comentario