martes, 16 de septiembre de 2014

¿CONFLICTOS? ¿PROBLEMAS?

                         ¿CONFLICTOS? ¿PROBLEMAS?
                       Y QUIEN NO LOS TIENE

En este mes de mayo se realizó una cumbre de mujeres en Bolivia para discutir la problemática del abuso sexual que estas sufren a nivel mundial y  anoche asistí a una reunión convocada por la junta comunal de mi sector, para oír una charla sobre la violencia familiar, dictada por la oficina de prevención del delito. Son temas que siempre estarán vigentes.
Escuché atentamente la exposición de la abogada y regresé a mi casa con un cumulo de ideas en la mente, sobrepuestas o revueltas con lo poco que yo sabia al respecto. Básicamente esta charla se fundamentó en el aspecto legal y los avances del gobierno en el área de la violencia familiar. Lo que se de este tema no es académico ni virtual, sino empírico o experiencia adquirida en mi practica como consejero familiar en la iglesia, ministerio que ejercía con mi esposa.
Confieso que antes de conocer a Cristo era un violentador “pasivo” de mi familia. Lo hacia por ignorancia y con la apariencia de buena gente, con la convicción de que como no le gritaba o pegaba a nadie, todo estaba bien. Ahora se que hay muchas formas sutiles de violencia familiar, donde el agresor no cree que lo sea, pero el agraviado sufre las consecuencias muchas veces en un silencio cómplice o temeroso.
Estas situaciones hay que tratarlas o manejarlas como un conflicto, ya que la violencia no es propia de la vida, sino que es un recurso extremo muy penoso, vejatorio y destructivo.
Los conflictos pueden derivar en violencia sino se enfrentan adecuadamente. Cuando las personas no se sientan a conversar de sus problemas, estos quedan encubiertos y latentes en el tiempo, pero agresor y agraviado siguiendo la inercia del conflicto se van alejando y encerrándose en si mismos, dirigiéndose inexorable y peligrosamente al despeñadero de la violencia.
 Hay parejas que  han convertido su vida en un drama por no haber comunicado a tiempo  sus diferencias cuando estas tenían solución,  lo que al final se convierte en una tragedia ya que cuando una relación se rompe es difícil repararla, se necesita de un esfuerzo compartido para enmendar los errores y esto solo se logra con perdón, comprensión y amor.
En todas las familias, por muy funcionales que sean o parezcan serlo, siempre habrá divergencias, inclusive hacen parte de la vida en común, estas pueden ser pequeñas o grandes, puntuales u ocasionales y aun perennes, mis vecinos se la pasan discutiendo todo el día, hacen catarsis.
Los conflictos, según mi experiencia, en la mayoría de los casos sirven para resolver diferencias, mejorar las relaciones o lamentablemente para disolver vínculos amigablemente. Los acuerdos son fáciles de manejar, lo mejor es poder manejar los desacuerdos. El apóstol Pablo sabia que se le puede sacar utilidad a los problemas y conflictos y nos  hace saber en sus cartas a los corintios el propósito de estos.
1ª. de Corintios 11:19. “Es preciso que haya conflictos para saber quienes son los aprobados”. Esto sucedía en la iglesia  de Corinto y sigue pasando en la actualidad entre nosotros.
2ª. de Corintios 4:17-18. Nos hace ver el propósito de los problemas, el cual no es otro sino que salgamos fortalecidos mirando más allá de ellos.
Este no es un tratado infalible sobre resolución de conflictos, sino una pequeña reflexión de como evitarlos y para ello te daré tres consejos bíblicos.
1º.- No ser contencioso: 2ª. d Timoteo 2:24.26.
2º.- Enfrentarlos  con firmeza y amor: 1ª. de Timoteo 1:3-7
3º.- No provocar en los hermanos la ira y la envidia: Gal 5:26
Por tanto, mi consejo final es que trates tu causa con tus compañeros, familia o hermanos directamente y no se lo estés contando a los demás. Proverbios 25:8.10

Por: Euclides Vargas Johnson           

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