1ª. de Juan 2:29. “Si
sabes que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de
èl”
Hay
unos países en África que tienen una
cultura o costumbre ancestral que les da
a los familiares de una persona asesinada el derecho de decidir el destino de
su agresor.
Cuando
esta persona es condenada a muerte por su delito, se le ata de pies y manos
para que no pueda nadar y delante del público se le lanza al agua y entonces dejan en manos de los familiares del muerto la
potestad de dejarlo vivir o morir.
El
saber popular muy sabio entre las culturas indígenas dice que si lo dejan
ahogar, habrán obtenido justicia pero siempre estarán de luto, pero si lo
salvan, el agresor seguirá vivo pero el luto terminará.
No
siempre las leyes del hombre son justas, ya que en las cárceles hay personas
inocentes de los delitos por los cuales han sido condenados y les pondré un ejemplo de esto.
Tengo
un amigo que pagó quince años de cárcel por un delito que no cometió. Resulta
que una noche estaba con su hermano en una fiesta y este bajo los efectos del
alcohol tuvo una discusión con otro señor y se fueron a las manos, en la pelea
sacaron armas blancas y el hermano de mi amigo mató a su contrincante y se fugó
del lugar.
El
asunto fue que mi amigo estaba tan borracho que ni se dio cuenta de la pelea,
pero como lo identificaron como hermano del agresor, casi que lo linchan, lo
salvaron unos conocidos, la policía se
lo llevó preso y lo sentenciaron a la cárcel y que por encubridor.
Lo
que me lleva a escribir, es reflexionar sobre nuestra actitud frente a las
injusticias, ya que mi amigo me ha dado, sin el saberlo, una lección de
humildad y perdón. Este señor es mi amigo pero nunca supe por su boca la
tragedia por la que había pasado. No
culpó a nadie de su infortunio, ni a su hermano, ni a los abogados, ni a
los testigos manipulados, ni al juez, y tampoco estuvo contándolo para verse
como la victima ni mucho menos.
Tuve
conocimiento de esta historia por medio de su esposa un día que me presentó a
unas sobrinas, hijas del hermano que evadió su responsabilidad y mi amigo pagó por su culpa. Hago la salvedad
que mi amigo aun no ha recibido a Cristo.
Estas
injusticias Dios las castiga, vemos y oímos continuamente casos de personas que
por no tener facilidades (dinero) no pueden demostrar sus derechos o inocencia
ante las autoridades y además son atropelladas en sus derechos civiles o
humanas. (Isaías 10:1-3), pero Dios nos dice que los que así actúan la pagaran y
no tendrán quien los defienda ni donde esconderse.
Admiro
la conducta de mi amigo y desde que supe lo que le tocó vivir y al asociarlo
con la palabra de Dios, lo veo reflejado en el texto bíblico de 1ª. de Pedro 3:8-12
ya que la conducta frecuente de las personas que no tienen a Cristo es pagar
mal con mal e injusticia con injusticia.
El
verdadero cristiano, el que ha nacido de nuevo en Cristo, tiene que ser justo
porque él es justo. Además que de nosotros no es la justicia, es de Dios, el
apóstol Pablo se lo hace saber a su discípulo Timoteo cuando le recomienda
evitar los contratiempos y dejar el
juicio a Dios.
2ª.
de Timoteo 4:14: “Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor
le pague conforme a sus hechos, 15b Guárdate tu también de él”.
DEJA A TUS CALDEREROS EN LAS MANOS DE DIOS
Por:
Euclides Vargas Johnson
Churchil15@hotmail.com
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