martes, 16 de septiembre de 2014

TRES PERROS Y UN BURRO


Génesis 2:19-20
Vivo por un sector comercial llamado los  Cactus, un día pasé por una venta de comida  en el preciso instante que un hombre le dio una patada a un perro,  lo increpé y la cosa no pasó de ahí. Esa patada me dolió mas a mi que al perro que se fue aullando lastimeramente pero a mi me quedó  una decepción y una tristeza al ver que hay personas que no tienen sentimientos. Lo importante en una persona es la bondad de su corazón como nos dice proverbios 12:10 “El justo cuida de la vida de su bestia; mas el corazón de los impíos es cruel”.
Los que en algún momento de su vida han tenido animales domésticos a su cargo, saben de la lealtad y dependencia de estos, ya que el mismo Dios los puso bajo la tutela del hombre y  le dio la responsabilidad a Adán de identificarlos.
Desde niño tuve animales a mi cargo,  perros, burros, becerros, cochinos, gallos y gallinas, loros, cotorras, pericos, aves cantoras y un gato siamés, yo los sentía como míos y  se que ellos también lo toman a uno como de su propiedad, aunque el gato no era de nadie, era autónomo e independiente.
En toda mi vida he tenido tres perros, aunque este último no es mío, pero como si lo fuera, ya que si no estoy pendiente de sus necesidades el perro se muere de hambre o se lo comen las pulgas y las garrapatas.
Mi primer perro lo tuve cuando era niño, me lo regaló una señora que trabajaba en una hacienda donde habían unos perros de raza y de una camada le dieron los dos mas chiquitos, flacos y feos y un día que los vi en su casa me puse a jugar con ellos, La señora me dijo que si quería uno me lo podía llevar, escogí al  que me estaba lamiendo la cara. Era un perro marrón, de ojos claros y melancólicos que pedían  atención y cariño, se puso grande, gordo y bonito, le puse por nombre Canelo, se amañó tanto conmigo que me acompañaba a todas partes y cuando me iba para el colegio tenía que tirarle piedras para que se devolviera para la casa.
Varios días a la semana me tocaba ir a Macondo (pequeña hacienda de mi papá) a buscar la leche y yo no se como hacia Canelo pero el sabia que me iba para el monte, se ponía feliz y empezaba a dar vueltas a mi alrededor, ladraba y corría por  todo el camino,  al llegar a Macondo se perdía en los potreros y cuando tocaba regresar tenia que ir a buscarlo, varias veces me tocó dejarlo pero cuando se daba cuenta que yo no estaba pegaba la carrera y me alcanzaba por el camino.
El día que me perdí en la montaña Canelo no se apartó de mi lado en ningún momento.  Cuando salí del pueblo para completar el bachillerato Canelo se volvió callejero, salía y entraba de la casa o se iba para Macondo y se quedaba allá varios días, me imagino que me extrañaba y me estaba buscando, cuando lo encontraba en la casa se ponía feliz y me daba vueltas,  ladraba y salía corriendo como invitándome a irnos para el monte.Al regresar del cuartel nadie pudo darme razón de Canelo, según entiendo la ultima vez lo vieron fue por Macondo y creen que murió  de viejo. Canelo perro fiel.
Mi segundo perro lo tuve cuando ya estaba casado, era un cruce de doberman con una perra callejera, cachorrito le dio una diarrea de sangre y mi mujer lo botó para la calle, como a los tres días de estar perdido fui a la casa de mi mamá y cuando ya iba a prender el carro para ir a mi casa un muchachito me dijo que debajo del carro había un perro, mi sorpresa fue que era mi perrito, estaba flaquísimo y no podía ni caminar, de la casa de mi mama a la mía habían como quince cuadras, como hizo ese pobre perro para llegar hasta ahí, solo  Dios lo sabe. Agarre a mi perro, lo llevé al veterinario, le compre las medicinas y se lo encargue a mi mamá para que lo cuidara. Todos los días  iba a darle sus medicinas, la comida, a bañarlo hasta que se curó y se convirtió en un perrote que le metía miedo a cualquiera.
En esa época se hizo conocido un personaje llamado Nicomedes Zuloaga y sin mas mi perro pasó a llamarse Nicomedes, por cariño le decía Nico, Aprendía rápido, lo enseñé a traerme las cotizas, Magaly tenia que ponerlas en su sitio porque si no las encontraba no paraba de ladrar. Me esperaba siempre en el frente y me seguía por toda la casa, cuando me sentaba en algún lugar se echaba a mis pies y no lo quitaba nadie. Lo sacaba a pasear en el carro y era feliz sacando la cabeza por la ventana, lo dejaba en el carro cuidando y no se salía por ningún motivo.
En esos tiempos había una campaña encubierta de envenenar perros callejeros, pero lo hacían hasta con los que estaban en sus casas y una tarde que llegue del trabajo me extrañó ver que Nico no salió a recibirme, apenas Magaly me vio me dijo: “A Nico lo envenenaron”, me dio de todo, rabia, dolor y tristeza, hasta lloré, lo fui a enterrar en una parcelita que tenia para los Cortijos, ese día decidí no tener mas perros ya que me habían pegado sus perdidas. Nico perro fiel. 
Pero ahora a PP (Pedro y Paula) les regalaron un perrito, un cruce de gran danés con una perra media sangra de dálmata, como está cachorro le gusta jugar mucho, ya aprendió a buscar los objetos que le lances, lo estoy enseñando a jugar frisby. Por las tardes cuando salgo a caminar me lo llevo y ya sabe cuando es la hora y se inquieta y empieza a ladrar, busca la correa y me la pone a los pies, esto lo aprendió solo, cerca de casa hay una cancha de futbol y lo suelto en el terreno y corre como loco detrás de las pelotas y de los muchachos que están entrenando, forman un desorden con el perro.
No me quiero encariñar con el perro aunque el ya lo está conmigo, PP le puso por nombre Gandal. Será un perro fiel.
Para la época que tenia a Canelo mi papá compró un burro, era chiquito y orejón, y me dijo “este burro es tuyo”. A mi papá lo engallaron en la compra del burro, como era chiquito le dijeron que era un pollino, pero ya era un burro viejo. En los pueblos hay un dicho que dice que burro chiquito siempre es pollino y mi papá ni cuenta se dio.
  Era un burro inteligente, le puse por nombre Pichirilo. Se quedaba quieto cuando lo estaban cargando,  y si le ponían micho peso empezaba a mover la cola y a tirar paradas, se aprendió el camino para Macondo de tal forma que solo había que darle una palmada en el anca y se iba solito. Avisaba cuando tenía hambre y rebuznaba de una manera diferente cuando iba llover. Pichirilo, Canelo y yo éramos un trío inseparable. Cuando oigo que a alguien le dicen que es un burro, me acuerdo de Pichirilo y no entiendo, porque si lo que quieren decir que la persona es bruta, que no aprende, no la pueden comparar con un burro y menos con pichirilo. Esta es una ofensa para mi burro.  Pichirilo, burro inteligente y fiel.
Ustedes se preguntaran porque de esta reflexión, lo que pasa es que ellos son criaturas indefensas, que te dan todo sin esperar nada a cambio, no les interesa si su dueño los maltrata siempre estarán ahí para acompañarlo, no guardan rencor, te pagan con su lealtad y no les interesa que tengas dinero o no, conozco indigentes que tienen perros.
La Madre Teresa de Calcuta dice que si amamos a los animales estaremos más cerca de Dios.
Por: Euclides Vargas Johnson

No hay comentarios:

Publicar un comentario