Salmo
27:10 “·Aunque
mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá”
El
que diga que no ha rechazado a alguien, no ha vivido. En algún momento de
nuestras vidas seguro que nos ha pasado por la mente borrar a alguien del mapa
o de nuestra lista de amigos o familiares. Yo por lo menos tengo una hermana a
la que le llevo como 15 años que me hacia la vida imposible cuando estaba
chiquita y a veces quería tener un poder para desaparecerla.
Los
que tienen hermanos saben de que les hablo, cuando se ponen tu ropa, te rompen
los cuadernos o te dañan el trabajo del colegio, se apoderan te la TV, de la
computadora y no te dan chance y tantas cosas más.
De
niño me escudaba con el disfraz de la indiferencia al sentirme rechazado. Cuando somos rechazados
y empezamos a dialogar consigo mismo y nos preguntamos porque, puede surgir en
muestra mente el sentirnos culpables. Esta es una de las posiciones más
peligrosas a que nos puede llevar la idea de que “la gente me rechaza”.
El
sentimiento de culpa te puede corroer al alma. Para mi hay dos maneras de
sentirse culpable. Uno es por algo que tú
haces o dejes de hacer y sientes que te equivocaste perjudicando a alguien.
Muchos de nosotros sufrimos en algún momento de esta sensación, yo la pasé muy
mal hasta que un hermano de la Iglesia me contó algo donde me vi reflejado y
pude comprenderme y perdonarme.
Me
pasó lo siguiente: Mi madre se enfermó y como ninguna de mis hermanas tenía la
disponibilidad de tiempo para cuidarla, decidí llevármela para mi casa para que
no se quedara sola y poder atenderla adecuadamente. No tuve en cuenta su
comodidad sino la mía, la saque de su entorno donde estaría tranquila y las
hermanas de su Iglesia podían acompañarla, su salud empezó a desmejorar
ostensiblemente hasta que le dio un paro respiratorio y falleció.
Me
eché la culpa de su muerte, lo que no era cierto, pero yo lo veía de esa forma,
me recriminaba interiormente diciéndome: si la hubiere dejado en su casa, tenia
que haberle buscado una enfermera, tenia que haberla internado en una clínica y
otras cosas de las cuales me hacia responsable hasta que logre comprender que
era inevitable ese desenlace y que iba a suceder donde estuviera y con quien estuviera
y que yo había actuado por amor y de buena fe.
Si
quieres sanar tu corazón, saca toda esa basura que tienes en la cabeza, es una
visión negativa de si mismo que hace que
te sientas culpable de hechos o cosas que tú no podías cambiar.
Cuando cuidaba a mi madre me sentaba a su lado
en una mecedora y ahí pasaba la noche, cuando mi esposa empezó a enfermarse,
también me tocó velar su sueño y lo
hacia en la misma mecedora y eso fue por varios años y por esto ahora no
puedo dormir bien en una cama, ya que amanezco adolorido, me amañé a la
mecedora.
Ahora
cuando oigo o veo alguna persona que no sabe que hacer con su enfermo, lo
primero que le recomiendo es que lo dejen tranquilo en su casa y que busquen la
forma de darle todas las atenciones posibles sin sacarlo de su entorno que es
donde se siente seguro, y que todo lo que se haga de corazón y con amor es
bueno y Dios se lo premiará.
La
otra forma de sentirme culpable es cuando pensamos que las personas me rechazan
por mi manera de ser, mi forma de vestir, mi color de piel, mi posición social,
el lugar en donde estudio o trabajo, o por nuestros padres cuando ven en mi
alguien que les vino a dañar sus planes, o cuando se es maltratado física o mentalmente por uno de
ellos o por mi creencia en Dios y tantas formas de rechazo.
Sentirse
culpable porque me rechazan es una posición incorrecta que le puede causar
efectos traumáticos a tu salud, a tu
alma y a tu espíritu, no te sientas culpable por que tus padres te
maltrataron, el problema eran ellos no tu,
no es tu culpa, solo perdona y sigue adelante, pero no le hagas a tus hijos lo
que hicieron contigo, ellos tampoco
tienen la culpa de lo que te sucedió cuando eras niño.
Cuando
era maestro de la Escuela Dominical de la Iglesia me encontré con niños, que
igual que yo eran rechazados. Estas eran
situaciones difíciles de tratar, ya que los padres no lo veían de esa forma,
pero sucede que el niño es susceptible al rechazo, lo siente, lo huele, lo
percibe y lo sufre cuando le dices: No preguntes tanto, no molestes tanto,
estoy ocupado, no tengo tiempo y ese es un caldo de cultivo para que germinen y
crezcan adultos resentidos con la humanidad.
Sea
cual sea por lo que te sientas rechazado no es tu culpa a no ser que te portes
mal a propósito, que ya es otra cosa. Hemos venido a este mundo y estamos
propensos ha ser rechazados, lo importante es tener la suficiente entereza y
madurez para que esto no nos afecte, tu felicidad no está en las manos de otras
personas, está en las manos de Dios.
En
el mundo es muy común el rechazo, te rechazan cuando eres nuevo en un trabajo,
te ven como la competencia, no es tu culpa, los grupos o equipos de trabajo no
están condicionados para aceptar a los nuevos.
Ya
como cristianos debemos de tener presente que Dios no nos creó para ser rechazados,
para El todos somos iguales, pero para la sociedad no es así, si te rechazan
perdona y no rechaces a nadie. El te
aceptó a través de Cristo (Efesios 1:4). Dios nos reconoce sin importar lo que
hagamos, y no importa quien te rechace, Dios jamás te rechazara.
El
miedo a ser rechazados es común, si le preguntas a un grupo de personas cual es
su principal miedo te contestaran que miedo al rechazo, aun como cristianos
podemos ser rechazados por amigos, familiares, vecinos, inclusive por hermanos
de la Iglesia. (Salmos 71:9,18 Jueces 11:1-2) Esta situación es bíblica, Marcos
6:4 “Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa”.
Hasta
los ancianos son propensos al rechazo, cuando ya molestan y no se quiere tener la
responsabilidad de su cuidado los internan en un ancianato como un objeto que
fue útil pero ahora ya es chatarra desechable y se lavan las manos. Si a mi me llegan a meter en uno de estos
lugares, seguro que me muero mas rápido, prefiero que me suelten en la calle como
hace la gente cuando su mascota está
vieja y enferma. Mejor cómprate una mecedora o te regalo la mía y cuida a tu
viejo.
Además
debes de saber que Cristo también fue rechazado, Mateo 21:42 nos dice “que la
piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo”.
Por lo tanto no te sientas mal cuando te rechacen y
no te eches la culpa, Jesús también fue rechazado muchas veces, solo recuerda
que Dios te quiere tal cual como eres y jamás te rechazará.
Por: Euclides Vargas Johnson
Churchil15@HotMail.Com