Ensayo
(Colosenses 3:17 y 23)
Vivo
en un sector por donde pasan muchos vehículos y
continuamente se forman colas, los conductores reaccionan de diferentes
maneras, unos se quedan tranquilos, otros echan corneta y hay unos que empiezan
a decir barbaridades y aun cuando están circulando van peleando con todo el
mundo para que nadie se les atraviese.
Hay
muchísimas personas que no conducimos vehículos, pero algunos nos comportamos
como si lo hiciéramos, y vamos por la vida empujando a la gente y
atropellándola, no somos amables,
cordiales, es una pena pero así es la cosa.
Uno
de los mas graves problemas de este mundo y aun dentro del cristianismo es el
de las relaciones o como tratar a las personas con respeto.“Porque ninguno de vosotros
vive para si, y ninguno muere para si” Rom. 14:7 y otro autor dice “Ningún
hombre es una isla”. (John Donne (1572-1631), poeta y clérigo inglés), y
Dios dijo “No es bueno que el hombre esté solo) Génesis 2:18.
Están
la familia y los amigos, nuestros colegas, las personas a quienes servimos, las
personas que nos sirven quienes tienen el derecho a ser respetados, por lo
tanto es verdaderamente importante que aprendamos a cultivar buenas relaciones.
La
base de una buena relación es el respeto y que este se fundamente en el valor,
sin embargo, necesitamos tener un entendimiento cristiano del valor de las
personas ya que este no se mide por su profesión ni por su ingreso económico,
ni por su buena apariencia, ni por su agradable personalidad, ni por el tamaño
de su casa, ni por la marca de su vehículo o por su status social.
El
valor humano es intrínseco: Vales por lo que eres (creación), no por lo que
tienes o representas (mundo), y aquí está otra diferencia básica entre la
mentalidad cristiana y la mentalidad secular. Los cristianos tienen mejores
bases para servir a los seres humanos, no por lo que tienen, sino por lo
que son. La creación es el primer origen
del valor humano y el segundo es la redención.
Veamos
ahora un principio muy revolucionario de buenas relaciones en Colosenses 3:17 y
23 “Y todo lo que hacéis sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre
del Señor Jesús, dando gracias a Dios por medio de él” y en el 23 “Y todo lo
que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”
En
ambos versículos se nota la misma intención principal, “Y todo lo que hagáis”
como un principio de aplicación general y dos orientaciones diferentes que se
complementan una a la otra.
En
el versículo 17 se habla de hacer cosas en el nombre del Señor Jesús y hacer
cosas en su nombre es hacerlo como su representante o su apoderado,
debo darle a las personas el respeto y la cortesía que Jesús le hubiera dado,
ya que somos sus embajadores.
Ahora
llegamos al principio contrario que es hacer todo para el Señor. Este es el
versículo 23 que se encuentra en medio de las instrucciones para los esclavos.
“deberían ser obedientes y trabajadores concienzudos y honestos”.
En
este segundo principio se cambian los papeles, el respeto y el honor que
debemos darle a las personas no es el que Jesús les daría, sino el que
Jesús recibiría. ¿No es esto a lo que se
refería Jesús cuando habló del ministerio del amor con los que tienen hambre y
sed, los enfermos y los desnudos, los extranjeros y los prisioneros? “En
cuanto lo hiciste a uno de estos mis hermanos mas pequeños a mi me lo
hiciste”(Mateo 25:35-40)
Es
fácil limpiar un cuarto y acondicionarlo con todas las comodidades si
estamos esperando la visita de Jesús. Nos agradaría preparar una buena comida si Jesús fuera a
comer con nosotros. Es posible servir al prójimo como si fuera Jesús. Seria
magnifico visitar una casa como si fuera Jesús quien viviera ahí. Nos
sentiríamos satisfechos al darle una cola en nuestro carro a una persona pensando que es a Jesús. Este es el principio
que debemos aplicar a todo lo que hacemos.
Lo revolucionario de lo que estoy hablando es introducir a Cristo en
ambos extremos de la relación, por una parte nos comportamos en el nombre de
Cristo como si fuéramos Cristo, y por el otro lado nos comportamos por amor a
Cristo como si las otras personas fueran Cristo y nosotros les estuviéramos
sirviendo.
Veo
con estupor como hermanos de la Iglesia toman estos textos bíblicos para medrar
de ellos pretendiendo vivir del trabajo de los demás. Se también que las
personas no viven de los halagos, pero si es conveniente reconocerles sus
meritos y su trabajo dentro de la Iglesia ya que esto estimula el servicio.
(3ª. de Juan 5-7)
Callar
a una persona o decirle que se calle rehusándonos a escucharla, es tratarla sin
respeto, pero escuchar a alguien es expresarle nuestro sentido de su valor, es
tratarla con respeto. La Biblia habla mucho de escuchar. “Por esto, mis
amados hermanos todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para
airarse” (Sant. 1:19)
Nuestras
relaciones se deterioran cuando no nos escuchamos los unos a los otros.
(Colosenses 4:6) Veamos tres puntos acerca de escuchar:
1º.
Escuchar es bueno por si solo, puesto que es una actitud de respeto.
2º.Escuchar
es liberador, porque le da a la persona que está hablando la oportunidad de
expresar en palabras, sus problemas. Cuando estos se ponen en palabras,
automáticamente se aminoran. Nuestros problemas están en su peor momento,
cuando se encuentran escondidas en lo mas profundo de nuestro corazón, pero cuando los sacamos y
los articulamos, inmediatamente se hacen
mas pequeños.
3º.
Escuchar es productivo especialmente si estamos escuchando a personas con las
que no estamos de acuerdo. Las personas que no están de acuerdo, generalmente
se evitan, se mantienen alejadas pensando mal uno del otro, esto es
mental, pero cuando tenemos el valor de sentarnos frente a ella, verla cara a
cara y escucharla, descubrimos con sorpresa que es un ser humano, que puede ser nuestro hijo, nuestro
padre, mi vecina o un hermano en Cristo.
Necesitamos
escucharnos y respetarnos los unos a los otros, para que nuestras relaciones
personales estén acordes con el pensamiento de David. (Salmo 133:1)
Por: Euclides Vargas
Johnson
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